Hoy he comprendido por qué uno debe agradecer a Dios y a la vida por lo bueno y por lo malo. Por lo bueno es obvio, pero lo "malo" nos deja un gran aprendizaje.
Como ustedes ya se habrán dado cuenta, mi "coco" es mi madre. Y no me había puesto a ver la gran enseñanza que su rechazo y sus críticas me han obsequiado. Si yo no me sientiera rechazada, no querida, no aceptada, no me habría dado cuenta de la gran necesidad que tienen los hijos de sentirse aceptados, aprobados, apapachados, queridos, consentidos, bienvenidos.
Eso es un gran regalo. Eso me hace una buena madre, consciente de los sentimientos que puedo crear en mis pequeñitos. He estado muy preocupada por hacerlos sentir queridos, pero no de una forma tan consciente como ahora. Ahora quiero comunicarles verbal y no verbalmente que son bienvenidos en mi vida, que los necesito, que forman parte de mi vida, que los apoyo que quiero que sean felices, y que verlos contentos me pone contenta. Quiero guiarlos, lograr que tengan confianza en sí mismos, en su capacidad de establecer metas y cumplirlas.
Ahora ya le veo sentido a los comentarios crueles de mi madre, sin ellos no habría aprendido algo tan importante.
Gracias, porque ahí donde parece que no hay nada bueno, hay una semilla de sabiduría.
Sunday, June 27, 2010
Subscribe to:
Post Comments (Atom)

No comments:
Post a Comment